Inicio > 
Europa
 > 
Francia
 > 
Ile-de-France
 > París > 
Datos Útiles
 > 
Notas
 > 
Otoño en París
Buscar

París - Otoño en París



  Información de Notas


   Clima    
   Moneda   
   Mapas    
   Notas    

Indice de Notas
Buscador de Notas
Nota Seleccionada
 
  Otoño en París

No importa cuántas veces haya ido, la capital francesa siempre depara sorpresas y lugares poco explorados por los turistas tradicionales. Pasen y vean.
La ciudad que no miramos
Mesas parisienses
Museos tranquilos
Cafés con encanto
Teatros y salones de baile
Un paseo por el Sena
 
     
       
     
  La ciudad que no miramos

Algunos lugares diferentes de la capital francesa que los turistas pasan de largo. Restaurantes, museos y cafés que tienen encanto por su historia, su arquitectura y su auténtica discreción. París también es grandioso hasta en sus rincones menos conocidos. Tiene algunos lugares no tan concurridos, muchos de ellos divertidos, en los que puede disfrutarse de un París diferente, aunque la atracción de los jardines de las Tullerías, la Torre Eiffel, Hermés o las Galerías Lafayette convoque a las multitudes. Basta desviarse de la historia, de los monumentos, de los clásicos que aparecen en todas las guías tradicionales y poli-idiomáticas de turismo, y de caminata nomás, aquí y allá, se encontrará con algunos restaurantes, cafés y museos apropiados y poco artificiales. Los franceses entienden muy bien esta situación y la definen con una palabra de compleja traducción: dépaysement. Es la impresión de no ser asaltado por la familiaridad de las cosas.


 
  Mesas parisienses

Hay una fila de parrilladas en la avenue Jean Jaurès, cerca de los antiguos mataderos de La Villette. La mayor parte de las patentes de los coches de último modelo estacionados allí es de las provincias. Puede fiarse de su gusto. La decoración en estos restaurantes es naturaleza muerta, pero la carne es deliciosa e inexistente la pretensión. Recomendamos: “Au Cochon D'Or”, situado en 192 Av. Jean Jaurès, que tiene una estrella en la guía Michelin y muy pocos visitantes extranjeros. “Ferme de la Villete”, ubicado sobre 180 Av. Jean Jaurès, que tiene precios razonables y exquisito servicio. Esto es así y muy recomendable porque es Francia con intensidad, tan antitética de la moda que resulta extraordinario. “Chez E. Marty”, situado en el 20 de la avenida Des Gobelins, sería el lugar apropiado para la comida del domingo. La mayoría de las personas que va allí parecen recién salidas de misa: parejas, familias enteras y algún viejito solo, pulcro, digno, bebiendo Cognac. Y el servicio, en especial el de las camareras de uniforme negro con delantales de encaje, es cosa de otros tiempos: amable, decoroso, paciente. “Au Pied de Fouet", ubicado en 45 rue de Babylone, es tan anacrónico que los habitués tienen sus propias servilletas, sus cubiertos y sus armarios para guardarlos entre una comida otra. Es tan parroquiano como los precios.


 
  Museos tranquilos

El problema de los museos parisinos vuelve a ser el problema de lo glorioso y lo obvio. No hay mejores horas para visitarlos. Las personas con gran capacidad de concentración pueden estar horas enteras, otros se cansan a los veinte minutos, y las multitudes pueden ser espantosas. Hay, sin embargo, más de un lugar tranquilo; otros museos buenos, menos atestados, donde inclusive puede verse algo fuera de lo común y con relativa calma: “Nissim de Camondo”, en el 63 de la rue Monceau, que es extraordinario por su colección. Depara sorpresas agradables sobre el siglo XVIII francés. Puede que tenga que despertar al conserje para entrar. “Musée Gustave Moreau”, en el 14 de la rue de Rochefoucauld, es un lugar único que contiene las notables obras de los primeros simbolistas. Tampoco va mucha gente al “Musée de la Chasse et de la Nature”, en el 60 de la rue des Archives, que guarda objetos interesantes de los siglos XVII y XVIII, y armas de la época de Luis XV. Una buena idea es la visita al “Musée National des Antiquités”, en St. Germain en Laye, una distancia como para desanimar a muchos, pero la colección galo-romana es impresionante.


 
  Cafés con encanto

En la iconografía clásica de los cafés parisienses resulta casi imperativo ir a los clásicos Le Flore, a Les Deux Magots, a Le Dome y a La Coupole. Pero hay otros, que fascinan por su historia y por su arquitectura: “Au Petit Fer à Cheval” (30 rue Vieille du Temple), en el Marais, un diminuto y populoso café de barrio que, en el año 1903, se llamaba Café de Bresil. Aún luce una barra en forma de herradura con una mesada de mármol, paredes de espejo y su suelo original de baldosas de dibujo geométrico. Una gran araña, repisas de cristal y bronce completan esta hermosura donde se escucha música clásica y siempre hay una sólida clientela. “Le Cochon à l'Oreille” (15 rue de Montmartre), un minúsculo café perdido en la confusión de Les Halles. Sus paredes están cubiertas con murales de cerámicas que representan la vida en el antiguo mercado de Les Halles. Todo en él es barato y encantador. Si se encuentra en este barrio y con ganas de tomar algo sustancioso, merece la pena detenerse en Aux Deux Saules, de la peatonal Rue Saint Denis, donde sirven una sopa de cebolla como pocas. “Le Clown Bar” (114 rue Amelot), no está en ninguna guía de recomendaciones porque no es el tipo de sitio que atrae al turista; a menos, claro, que sienta pasión por los clones y los circos o, una vez más, por los murales de cerámica belle époque. Lo mejor de este lugar es que no ha cambiado en 65 años. Lo peor es que probablemente tampoco lo hayan limpiado en todo ese tiempo. Pero, junto a las ventanas con suciedad incrustada y las paredes empapeladas con fotografías de las estrellas del Cirque d'Hiver, hay una suerte de encanto herrumbroso.


 
  Teatros y salones de baile

Existen corolarios nocturnos para las experiencias del día. Los mejores son los teatros de los bulevares, tan baratos como los argumentos. El ambiente es muy de clase media algo baja, dichosamente vulgar, tosco y un poco grosero. Allí hay muy pocas posibilidades de encontrarse con alguien conocido. Las guías semanales de ocio, como Pariscope, publican listas completas de lo que se ofrece. De ir a un bal papulaire, se corre el riesgo de convertirse en falso participante, en mirón disimulado. Pero la experiencia es maravillosa. Hay un par de salones de baile, como Balajo y La Boule Rouge, 17 rue Lappe, y Trottoirs de Buenos Aires, 37 rue des Lombards, que oscilan en la tenue línea que separa lo natural y el pastiche. Se tocan tangos y polkas y, a veces, un poco de salsa. Hay camareros en su día libre con traje azul y mujeres con el mismo tono de rojo y verde eléctrico de las pequeñas luces del techo. Es posible que haya menos artificialidad en el salón de baile del subsuelo de La Coupole, 102 boulevard Montparnasse, donde la acción ocurre a últimas horas de la tarde. En rue Dauphine 24 está el club de jazz Tabou, lugar que inmortalizó Juliette Gréco en los años 50. Todavía hoy, hasta la medianoche, se puede escuchar allí un buen jazz con acento francés, pero el club es una sombra de lo que fue. Un lugar recomendable para los nostálgicos de esas épocas de esplendor.


 
  Un paseo por el Sena

Si uno tuviera solamente un día en París, la recomendación -sin duda alguna- sería conocerla bebiéndose con los ojos su vino más exquisito: el Sena. El río es la arteria más importante de la ciudad, la calle de agua que la quiebra en dos y en cuyo seno se crió a través de los siglos. Tanto los 36 puentes que lo cruzan como los monumentos arquitectónicos que se alzan en sus dos orillas están preparados para deslumbrar. Fue acondicionado un paseo peatonal continuo a lo largo del Sena, que permite recorrerlo también a pie, cruzando una y otra vez sus puentes cargados de historia. La otra opción es tomar uno de los Bateauxmouches, que en el siglo XIX navegaron como colectivos regulares y formaron parte de la vida y la economía de la “Ciudad Luz”. Desde cualquier lugar donde uno se aloje, el transporte indicado es el metro. Según qué línea se tome, hay que bajarse para tomar un Bateaumouche en las estaciones Bir Hakeim, Trocadero o Pont de l'Alma. El puente que corresponde a la Torre Eiffel es el Pont D'Iena, donde está el embarcadero de los Bateaux Parisiens. El recorrido regular es de una hora. Una guía en varios idiomas explica la historia. Y la voz de Yves Montand completa la escena.


 
     

Previaje.com
Recomendaciones de Hoteles, comentarios de viajeros, fotos de destinos y experiencias de Viajes
Acerca de Previaje.com - Política de privacidad - Preguntas Frecuentes - Términos y condiciones - Mapa del Sitio - Contacto Principales Destinos
Previagem.com